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Familia-de-dos, cuando los hijos no llegan

“…los esposos a los que Dios no ha concedido tener hijos pueden llevar una vida conyugal plena de sentido, humana y cristianamente. Su matrimonio puede irradiar una fecundidad de caridad, de acogida y de sacrificio.” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1654). En palabras personales, "pueden vivir en plenitud-aunque la historia sea diferente a lo normal."

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Estar presente


Definitivamente el vivir cada momento en plenitud es un regalo divino.  La mayoría de los seres humanos (o los habitantes de la ciudad en la cual vivo) estamos tan “acostumbrados” a vivir en el futuro, a proyectar, planear para no errar en lo que viene, que la vida presente se desparrama como el agua en nuestras manos (no es malo proyectar ni planear, al contrario, son herramientas de eficiencia, de orden; pero cuando se convierten en herramientas que secuestran el presente, ahí es donde el asunto no es tan eficiente). Y es aquí, en este secuestro, que se experimenta la vida como un robo, como un algo que nunca tengo entre mis manos, una sensación de que el tiempo me está comiendo.

¿Qué tal si mejor nos proyectamos en nuestro presente? Jorge Bucay, terapeuta y escritor argentino, bien menciona lo siguiente: “¿Qué mejor momento para las cosas que el momento en que suceden?” Pero estamos tan distraídos en la planeación del futuro, en la angustia del pasado, en la ansiedad de la vida.  “Cada día tiene su propio afán” (cfr. Mateo 6,34) entonces, porque no hacer un alto, un pequeño respiro y dialogar. Disfrutar, disfrutarme, disfrutarte. Estar presente.  Esto es lo que yo soy, esto es lo que tengo, estos son mis dones, estas son mis complicaciones.  Tengo mucho y tengo poco, pero esto es lo que soy.  Sin comparaciones absurdas.  Mi realidad es única, es mágica y es mía.  Creo en un Dios real y verdadero, presente en mi vida, cercano a mi corazón, un Dios que me ama más de lo que pueda yo imaginar, un Dios que me ha otorgado el don de la vida para disfrutarla. Quien ha bendecido mi realidad, así tal cual, con sus detalles normales (¡qué difícil fue y es bajarme de mi propio cuento de hadas! Pero créanme, bien ha valido la pena y por mucho).  Aceptar mi realidad me ha abierto las puertas para vivir en plenitud mi presente. Así que hoy lo puedo escribir: estoy aprendiendo a estar presente no sólo para el otro, sino también para mí.

2 comentarios:

  1. Claudia Dios te siga llenando de su amor, y de esa fuerza para aceptar todo lo que el quiera para nosotros.
    Esme de Hernández

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  2. Gracias Esme!! Sí, soy plenamente feliz en El, en su amor...viviendo en plenitud cada día!!! (Y claro, con sus correspondientes retos). Un fuerte abrazo.

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