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Familia-de-dos, cuando los hijos no llegan

“…los esposos a los que Dios no ha concedido tener hijos pueden llevar una vida conyugal plena de sentido, humana y cristianamente. Su matrimonio puede irradiar una fecundidad de caridad, de acogida y de sacrificio.” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1654). En palabras personales, "pueden vivir en plenitud-aunque la historia sea diferente a lo normal."

martes, 26 de marzo de 2013

Iniciaba la travesía (hace algunos años)


 ¿Cuánto duraría esta travesía? Sólo el tiempo lo delimitaría, en una pocas palabras, acomódate en el asiento y deja que el viaje transcurra. Así empezaba una parte de nuestra historia:
-La negación: “No, esto no puede estarnos pasando a nosotros”, “es imposible”, “ya pasará, y seremos una familia normal”; “pero, ¿le entregué mi vida a Dios? Le he servido desde joven, digo, realmente espero una recompensa, ser bendecida”; “no, es una broma de la vida, mañana ya pasará; esto es sólo un sueño”.
-El enojo, el resentimiento, la envidia: “¿Por qué a nosotros? ¿Será un castigo divino? ¿Una maldición heredada? ¿O Dios no nos considera viables para la paternidad? ¿No somos idóneos? ¿Por qué ellos sí? ¿Por qué a ellos sí les estás cumpliendo su sueño tal cual: hasta planearon la llegada de cada hijo y les funcionó!!! ¿Qué hicieron diferente a  nosotros? Ah! Tal vez nosotros nos portamos mal en algo y no nos ganamos tu bendición”. En este periodo llegaron todos los porqués, los reclamos a Dios, a la vida, a todos. Aprendí a expresarlos, a ponerles nombre y dejar que salieran. Aprendí a amarme en la irracionalidad del porqué. 
-El regateo: “Bueno, y como ves Dios, ya llevamos una alimentación adecuada, estamos ejercitándonos, y tomamos suplementos alimenticios, entonces ahora sí?” “No crees que ya merecemos ser padres. Nos hemos ganado el derecho”.  “A ver veamos, calcular los días fértiles, revisar las fechas exactas, los probables cambios, hacer esto y aquello, entonces listo, ya estamos preparados”.  Hoy recuerdo esos momentos de estrés, calcula, revisa, concluye, haz, no hagas, entonces y sólo entonces nuestros cuerpos responderán.  Ah! Y no te estreses por favor! (Absurdo, ¿no lo crees?). 
-Y luego la depresión, la tristeza y la culpa lo pintan todo “no soy capaz de darle un hijo a mi esposo, él tan bueno, se merece lo mejor, y mírenme a mí, una esposa estéril; donde está la promesa del hombre justo alrededor de su mesa, con sus hijos y su esposa (fértil, por supuesto); entonces, sí soy culpable”. “Entonces no tengo valor si no soy mamá”.  Y claro, los comentarios que te van acompañando: “ya pasará; animo, ya verán…”  Comentarios bien intencionados que “quisieran ayudar” pero no hacen más que hundirte en la culpa y el desánimo.
Una vorágine de emociones yendo y viniendo.  Enojo, negación, depresión, regateo; luego regateo, depresión, negación, enojo.  Aprendí a no tenerles miedo.  Las hice mis amigas, las abracé, escuché lo que cada una tenía que enseñarme, y luego, tiempo después, las dejaba partir.  Me alejé un poco de quien me apresuraba a salir de eso. Aprendí a ser paciente conmigo misma. 
Al tiempo le permití transcurrir.  El tiempo en esto no lo delimita la madurez, la fe, los valores, no, aquí no hay tiempo definido; aquí sólo importa que el corazón vaya sanando y la esperanza vuelva a resurgir. Aquí solo cuenta tener ese apoyo que te ame incondicionalmente, sin presiones, sin expectativas, sin prisas.  Que te permita vivir la travesía.  Ese amor incondicional que abraza sin exigencias, que cobija y te permite crecer, y que favorece, ayudando a poner los cimientos que te permitirán llegar a la siguiente etapa, la aceptación.  

Continuará esta travesía...

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