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Familia-de-dos, cuando los hijos no llegan

“…los esposos a los que Dios no ha concedido tener hijos pueden llevar una vida conyugal plena de sentido, humana y cristianamente. Su matrimonio puede irradiar una fecundidad de caridad, de acogida y de sacrificio.” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1654). En palabras personales, "pueden vivir en plenitud-aunque la historia sea diferente a lo normal."

jueves, 28 de febrero de 2013

Permíteme vivir mi duelo


Hace algunos años sucedió esto… (la historia que había quedado en el tintero)
¿Me di por vencida? Algunos lo verán así, pero para mí, era necesario llegar a la estación y bajarme del tren.  Ya estaba cansada y desgastada emocionalmente: tal vez el próximo mes, tal vez mañana, siempre un tal vez…Era el momento y ambos lo decidimos: bajarnos del tren.   Al llegar a la estación me di cuenta que otra travesía debía empezar.  Subirnos a un nuevo tren.  Oculto entre la bruma no lo veía con claridad, pero ahí estaba, esperándonos.  Por un tiempo debíamos subirnos, y dejarnos conducir por las diferentes estaciones del duelo.  Sí, no sería un duelo común, pero sí normal, como todos.  Y aquí empezaba otra aventura.  Nuevamente estábamos solos, pocos comprenden que una pareja que ha aceptado su condición de infertilidad no-explicada, tengan que vivir este proceso. No hay compañía, no hay el pésame, no hay flores; hay pocas o nulas oraciones al respecto.  Es tan subjetivo, pero para quien lo vive es real.  Hay dolor, un dolor real que toca las fibras más íntimas.   Era el momento de enterrar nuestro sueño del hombre con su mujer fecunda y los hijos que se sientan alrededor de la mesa.  Era momento de despedirnos de nuestros hijos biológicos. Sí, despedirlos, soltarlos, dejarlos ir.  Habían existido para nosotros, habían vivido con nosotros por un buen tiempo, habían tenido sus nombres: María Lorena, María José, María Teresa, Josué.  Pero ahora, los abrazaba con fuerza y les daba las gracias por ser una hermosa ilusión, por haber sembrado una pequeña esperanza cada mes; pero ya era el momento de soltarlos.  Y empezar a vivir nuestro duelo.
Hoy escribo esto para acompañar a aquellos que hoy  se subirán a este nuevo tren.  Quiero estar ahí para Vivir con ellos su Duelo.  Sean valientes, enójense con Dios, con la vida, con ustedes mismos; lloren su soledad, lloren por los hijos que no llegaron; por las ilusiones que desaparecieron; vivan la culpa de la depresión sana; en fin, vivan su proceso de duelo y dejen que Dios tome cada lágrima, cada palabra, cada reclamo, pues sólo así llegarán a la última estación, la estación de la aceptación, donde la paz inunda y la alegría invade; y donde la esperanza vuelve a surgir. 

3 comentarios:

  1. Que palabras hermosas! No tengo la misma fé que usted, pero tengo el mismo duelo. Soy un poco más joven pero está claro que es casi imposible de tenir hijos. Muy poca gente puede ver que hay un duelo real, y es casi imposible de hablar con alguien. La realidad es que la inferdilidad hace miedo y a ninguno le gusta hablar de cosas qui hacen miedo.
    (disculpeme por mi castillano)

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  2. Gracias por escribir!!! Sí, vivir este duelo es de lo más "irreal" para muchos. Pero gracias a Dios, hay muchas personas que estamos uniéndonos para vivir esta etapa y ser un apoyo unas de otras. Tu español es muy bueno. Felicidades por animarte a escribir en español. (¿Cuál es tu idioma?)

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  3. Que cierto! Esos niños deseados existen...y si...hay que soltarlos....hay que amarnos a nosotros mismos como los amariamos a ellos...

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